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Aprendo rápido que tras un silbido va un golpe seco sordo, pero dulce y excitante, me preparo para ello, me abandono al goce de ese instrumento invisible que me fustiga, de esa mano que de igual manera me acaricia y me golpea; pierdo la noción del tiempo, de la cantidad de silbidos que al principio me he obligado a contar, y de repente, cesan, todo queda en calma, todo en silencio....